No se recuerda la razón de que de noche las tropas salen del tren y se encuentran en un campo de montones de secos tallos largos, probablemente lo restante de una cosecha previa. La temperatura a lo mejor gira en torno a 45 grados F. Las chaquetas de los soldados no los protegen de la temperatura fría, y buscan un método de calentarse.
De súbito de la oscuridad emergen numerosos indios ofreciendo venderles los montones a que los visitantes pueden prender fuego y sentir sus rayos calurosos. Dicho y hecho. Por algunas anas los soldados absorben la calefacción añorada que lamentablemente dura por pocos segundos como que la paja reseca desaparece en un abrir y cerrar de ojos.
Los soldados protestan. Sin embargo, optan por continuar la transacción comercial hasta el fin de los montones y el retorno de sus tiritones.
No se recuerda los detalles de su rescate, pero después de más demora, transporte llega, y continúan el viaje nocturno hacia Assam.
PUNTO PARA PONDERAR: Tanto cosas malas como cosas buenas tienen su fin.
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