El tren continúa su traqueteo por la India. Una tarde el oficial del tren ordena una parada para que las tropas caminaran para estrechar las piernas al aire libre. El sitio era una aldea con calles polvorientas y dispersas.
Alumnos de las escuelas acaban de dejar sus clases y con libros bajo brazos entablan varias conversaciones en inglés con los norteamericanos. El escritor recuerda una plática con dos o tres niños que le mostraron sus libros de cuentos en inglés uno de los cuales era “la Bella Durmiente.” Estudian esta lengua junto con las otras asignaturas de los años primeros. También la visita incluye preguntas de curiosidad de los dos grupos. Había esfuerzos de aprender de cada uno.
Para agradecer a los estudiantes por su información y tiempo los visitantes investigan sus bolsillos y sacan paquetes de dulces duros que los chicos indios reciben con gratitud. Luego, el oficial encargado del tren indica la hora de salir, y los visitantes salen satisfechos con sus visitas con los jóvenes.
PUNTO PARA PONDERAR: Es bien conocido que las tropas norteamericanas, respondiendo a su generosidad casi innata, ofrecen amistad a los niños de países extranjeros, amigos o enemigos, y les dan dulces y hasta monedas.
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