El tren rueda lentamente hacia el noreste dejando atrás Bombay y sus alrededores. Los pasajeros curiosos se sientan en los bancos de madera por las paredes. Miran por las ventanas no de vidrio sino de espacio abierto de día y de noche una tabla de madera que se baja para estorbar la entrada de zancudos anófeles, los transmisores de la fiebre palúdica o malaria. Si un intruso incauto osa penetrar, va a encontrar un spray que pone fin a su búsqueda de sangre humana. Otros preventivos son la malla antipalúdica y el uso de mangas largas.
Y ¿qué de agua potable? Aunque había cantidades adecuadas, los bebedores frecuentemente creen que beben cloro. Lamentablemente, es necesario ejercer sumo cuidado con lo que se pone en la boca, i. e, agua purificada o hervida y vegetales y carnes bien cocidas.
Y ¿qué de inodoros? Hay un cubículo sin puerta que tiene un hoyo en el piso por lo que se ve la tierra. El usuario de pie pone sus pies en una forma que le estabiliza, y responde a la naturaleza. La única agua está en las cantinas y otros receptáculos en el tren. Los olores ofensivos se escapan por las ventanas.
PUNTO PARA PONDERAR: El viajero mundial tarde o temprano tiene que prepararse para una variedad de costumbres insólitas.
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