A la mañana siguiente salieron del buque, y en el muelle se juntaron entre los rieles de vía estrecha. Antes de abordar los vagones, circulaban en masa mientras alargaban las manos para tomar café servido en tazas de papel por representantes de la Cruz Roja. En realidad a pocos les gustaba el sabor bastante agrio que no fue mejorado por los grasientos donuts acompañantes. Especulaba sobre el origen de la grasa. ¿De manteca de vaca? A lo mejor no, como que esta era le India de mayorías hindúes. ¿De búfalo de agua? Posiblemente, como que no había manteca vegetal en aquel entonces.
Las damas en uniformes de la Cruz Roja saludaban amistosamente a sus compatriotas en los uniformes de las fuerzas armadas.
Pronto resonó el tren y las exigencias de los conductores que todos suban. Así empezó un viaje de diez días que se extendía desde Bombay hasta la provincia de Assam en el noreste. Probablemente, no supieron su destino exacto para evitar la posibilidad de que el enemigo descubriera su paradero.
Aunque en total el tren se asemejara a un juguete grande, la locomotora tenía la fuerza necesaria para tirar a velocidad perezosa aproximadamente seis o siete vagones ocupados por militares americanos contemplando su destino dondequiera que sea.
PUNTO PARA PONDERAR
El café es el vino de la mañana. Anima a los participantes en actividades grandes y modestas. Al anochecer el vino es el café de la noche. Anima a los que toman y los prepara para el sueño que pronto viene.
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